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Regreso a general

30 octubre 2016

Espacio Abierto | La firma del CETA no acabará con la movilización ciudadana

Parece que el bloqueo en el que se encontraba el Acuerdo comercial entre la Unión Europea y Canadá (CETA por sus siglas en inglés del Comprehensive Economic Trade Agreement) ha llegado a su fin. ¿Cuáles son ahora los retos para las casi 3000 localidades y regiones que pasaron resoluciones en su contra?. ¿Es aceptable el nuevo acuerdo al que llegan las autoridades regionales belgas con su gobierno?. Veamos cómo hemos llegado hasta aquí.

Pablo Sánchez, miembro de Catalunya No al TTIP

Parece que el bloqueo en el que se encontraba el Acuerdo comercial entre la Unión Europea y Canadá (CETA por sus siglas en inglés del Comprehensive Economic Trade Agreement) ha llegado a su fin. ¿Cuáles son ahora los retos para las casi 3000 localidades y regiones que pasaron resoluciones en su contra?. ¿Es aceptable el nuevo acuerdo al que llegan las autoridades regionales belgas con su gobierno?. Veamos cómo hemos llegado hasta aquí.

 

A la comisaria europea de comercio internacional Cecilia Malström le han crecido los enanos en el proceso de ratificación del CETA. Al ya conocido voto del parlamento valón y de la federación Valonia-Bruselas se le han habían sumado varias reservas significativas que podrían significar otro varapalo en su voto en el Parlamento Europeo. De hecho el parlamento valón llegó a votar tres veces durante las negociaciones, lo que augura aún titulares para la prensa y más emoción.


A nivel de las reservas, aunque ninguna fuera lo suficientemente clara como para frenar la negociación, demuestran que el mantra de la Comisión Europea sobre los beneficios del acuerdo eran, como poco, exageraciones. Por un lado Eslovenia tenía dudas sobre el texto del acuerdo en relación a la liberalización del agua. Este país está en plena reforma constitucional para incluir el derecho humano al agua y el texto del acuerdo permite liberalizar este sector que aún no ha sido liberalizado a nivel europeo. Pese haber aceptado las reservas este sigue siendo uno de los temas que pesará en el momento del voto de los eurodiputados a principios del 2017.


Por otro lado, Rumania y Bulgaria tenían sus reservas ante la falta de liberalización de los visados a Canadá. Este país, que quería evitar abrir sus puertas sin visados a casi 30 millones de europeos, por ahora ha tranquilizado a dichos países sin dar una solución concreta a la hora de la verdad, con un protocolo para abrirlo en su momento.

La defensa de las denominaciones de origen era el argumento esgrimido por el gobierno griego para oponerse al principio del proceso, debido al temor existente a que el queso de feta griego perdiera su capacidad de competir en el mercado internacional. Pese a que el gobierno griego había jurado y perjurado parar tanto CETA como TTIP, se llegó a un compromiso y durante toda la polémica con Valonia el único gobierno de la izquierda radical ha pasado con más pena que gloria.


La oposición de la región valona tenía una base importante. La existencia de tribunales de arbitraje en el corpus del tratado, el famoso ISDS posteriormente convertido en ICS (International Court System) era uno de los elementos clave. De hecho, dicha posición paralizaba el acuerdo. Por otro lado la cuestión de los productos genéticamente modificados era un aspecto difícil de aceptar para las activas asociaciones de campesinos valones. Al final en el acuerdo que Valonia y Bruselas han hecho con el nivel federal se guardan la capacidad de llevar el acuerdo a los tribunales si las promesas hechas no se cumplen, pero como se jacta el Primer Ministro belga, el CETA no se ha modificado una coma. Lo que han conseguido son mecanismos para su retirada en el futuro si los temores se cumplen.

La negociación de Valonia con la Comisión Europea ha sido, como lo fue en el caso griego, un escándalo fuera de todos los canales normales de negociación. De hecho, la política de los dirigentes europeos sólo hace que reforzar la idea que estas negociaciones tienen poco que ver con el objetivo declarado de crear empleo y salir de la crisis, y mucho con la voluntad de preparar un ambiente positivo para que las multinacionales continúen con sus negocios y así, de alguna manera que nadie ha explicado aún, ayudar al conjunto de la sociedad. Este acuerdo tiene como consecuencia liberalizar aún más los mercados europeos, a la vez que apuntala una Comisión rodeada por casos de conflictos de intereses, sospechas fiscales e
incompetencia a la hora de gestionar la crisis de los refugiados.

Valonia ha estado a punto de convertirse en una aldea gala, pero sin poción mágica los valones necesitaban apoyo exterior institucional, el cual nunca llegó. Las manifestaciones alrededor del parlamento en Namur y delante del Parlamento Europeo eran una buena muestra de apoyo pero no ha sido suficiente. A la movilización europea de los días previos le faltó capacidad de reacción. Paul Magnette, ministro presidente de Valonia y alcalde de Charleroi, declaró que prefería el aislamiento institucional al social, pero al final no supo o pudo aguantar toda la presión. Los manifestantes que se movilizaron en Alemania, Austria, Eslovaquia, Francia, Bélgica, Holanda o España no tenían más opción que seguir los
acontecimientos por twitter y firmar alguna petición online.


Una pregunta clave a formularse es si la parálisis valona se puede repetir en el proceso de ratificación que llevará el texto a los estados miembros. En Valonia gobierna el Partido Socialista con apoyos puntuales de la izquierda y de unos socialcristianos más sociales que sus amigos flamencos. Esta la ha sido la base para negociar el acuerdo con el nivel federal
que permite revisar el impacto del CETA sobre Valonia y Bruselas.


El acuerdo al que se ha llegado plantea una validación del Tribunal de Justicia de la Unión sobre los tribunales de arbitraje, y un comité de evaluación para verificar el impacto de la aplicación provisional . En sí es un paso adelante, vista la presión y la importancia que le ha dado la Comisión al acuerdo. Estas mínimas modificaciones pueden ser una oportunidad para exigir otro tipo de mecanismos en el acuerdo que dé paso a la creación de una batería legal que haga difícil su aplicación en varios campos claves.


El hecho de que el primer intento para la celebración de la cumbre entre la Unión Europea y Canadá fuera anulada es un indicación de la seriedad de las posturas valonas y bruselenses a la hora de la negociación, y es que el parlamento valón ha pasado casi 70 horas de trabajo parlamentario para discutir el CETA. Un trabajo impulsado por las organizaciones sociales
que muestra que el trabajo de sensibilización tiene su fruto. Esta es quizás la conclusión más evidente; hace falta la ampliación de la campaña de sensibilización a nivel de todos y cada uno de los estados de la Unión Europea para conseguir una situación similar.


¿Por qué Valonia?

Este voto de los que The Economist llama "los perdedores de la globalización" tiene su base material en las condiciones sociales de lo que otrora fue la región industrial por excelencia de Europa occidental, pero también, como hemos dicho, por la gran movilización que se ha dado en la región en los últimos años, muy superior a la que hay en Flandes, por ejemplo.


De hecho Paul Magnette es un antiguo ministro federal de ecología de un gobierno liberal y sabe cual son los poderes y las prerrogativas de las regiones belgas y ha hecho buen uso de ellas, también ha sabido cómo conseguir desactivar parte de la presión que recibe de la Comisión, a los anales de la negociación pasarán sus tweets. Un ejemplo es su queja sobre que la Comisión Europea no presiona del mismo modo a los que practican la evasión fiscal, en clara referencia a Juncker en su época de ministro de finanzas de Luxemburgo. En este caso, el carácter y la capacidad del negociador han ayudado bastante a llegar hasta donde ha llegado. También hay elementos clave de la política interna belga que ayudan a explicar la
tesitura. La futura aplicación de CETA depende, también, de la sentencia de la Corte Constitucional alemana, donde se da una luz verde muy atenuada. De nuevo una gran movilización no para el acuerdo, pero lo debilita ante sus defensores a ultranza.


Y es que “los ganadores de la globalización”, la patronal europea (Business Europe), ha mostrado su verdadera cara enviando cartas a los partidos que votaron en contra. El argumento esgrimido: -será un contratiempo en el proceso de construir europeo, es mal momento y nos quita credibilidad-. La traducción al común de los mortales es: -¿Cómo os atrevéis a ir en contra de nuestros intereses?, controlamos el chiringuito en Bruselas y vosotros votáis en contra de nuestro acuerdo, si cae CETA no tendremos TTIP-. Magnette no ha tardado en anunciar que el compromiso sobre el CETA significa la muerte del TTIP, cosa que sólo el tiempo dirá, pero cierto es que la credibilidad de la Comisión está por los suelos. Pese a ello, el pasado 21 de octubre, las conclusiones del Consejo invitaban a la Comisión a apresurarse a continuar negociando con Japón, como si no hubiese pasado nada.


Dicho consejo del viernes 21 de octubre tenía que ser el momento de firma por parte de los estados europeos del acuerdo que se lleva negociando durante un lustro. Pero lo que vimos fueron escenas de pánico entre los líderes de la Unión Europea. El Presidente del Consejo, Donald Tusk, seguía amenazando a todos aquellos que se oponían, mientras Malsmtröm, de la comisión negociadora, seguía diciendo que continuarán trabajando, intentando no alienar a nadie.


Como en toda fiesta que sufre por la mala acústica, siempre hay alguien que se pone a tocar los cables y enchufes a ver si arregla el desaguisado. En este caso, ese papel que suele siempre acabar con un cortocircuito u otro accidente similar lo ha jugado Martin Schulz. Fiel escudero de la gran coalición alemana, durante todo el fin de semana se auto-proclamó el paladín del CETA, pese a que no tiene ningún mandato y el Parlamento aún no ha votado nada sobre el acuerdo más allá de posiciones comunes sobre líneas rojas que han sido violadas flagrantemente por el texto final.


Al señor Schulz se le recordará por haber pasado a la historia como el hombre que ha conseguido presidir un parlamento estando su grupo parlamentario en franca minoría y por haber representado los intereses del grupo popular europeo, pero además, por haber manejado el reglamento del Parlamento como un verdadero sargento chusquero. Y es que, cuando el Parlamento Europeo estaba votando las recomendaciones de modificación del mandato, Schulz buscó una artimaña legal para que la enmienda del grupo de Los Verdes/ALE, que iba a pedir la retirada del ISDS, pudiera ser pospuesta. Entonces se votó otra enmienda que pedía una revisión y así consiguió, con el apoyo del rodillo compresor de la mayoría social-liberal conservadora, que el parlamento diluyera su posición. Lo que en términos coloquiales se conoce como buen demócrata y federalista. Pero pese a todos sus esfuerzos, Schulz no consiguió que la posición valona se modificara sustancialmente en ese momento de la negociación.


A falta de sorpresas, hoy se firmará el CETA en la cumbre entre la UE y Canadá tras el desbloqueo valono. La situación sigue abierta. Por un lado los defensores de CETA intentarán que el Parlamento vote en su integridad el informe que da paso a la aplicación provisional y los detractores intentan reabrir el proceso de negociación argumentando que la solución valona deja paso a ello. La movilización europea debe continuar, pero deberá hacerse a mayor escala y con mejor impacto. Esto ha sido una batalla que se salda con una victoria pírrica de la Comisión, pero la lucha continúa, aún no está todo perdido.

 

* Pablo Sánchez es miembro de la campanya No al TTIP de Catalunya, ha sido Director de Relaciones Internacionales del ayuntamiento de Barcelona y coordinó la Iniciativa Ciudadana Europea por el derecho humano al agua (www.right2water.eu) que pedía la exclusión del agua del CETA.

* Los Verdes/ALE y EQUO solo se responsabilizan de la opiniones de sus miembros.

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